El sueño comenzó con una niña de 12 años y su hermano de 6. Al menor le gustaban los insectos y ese día estaba buscando uno de color verde y con textura rugosa para su colección.
Mientras caminaban por una zona en la que antes era un monte de espinas y con un hueco en el medio, encontraron una antigua y pequeña casa de madera. Los pisos y las paredes estaban viejos y deteriorados.
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Imagen ilustrativa de Jarmoluk. |
En las paredes se podía observar rendijas por las cuales pasaba la luz del sol. Del lado derecho de la casa había platos llenos de polvo y telarañas sobre una alacena de madera. Parecía abandonada. El silencio solo se interrumpía con sus pequeñas pisadas.
Los pequeños no encontraron al insecto que buscaban, pero sí pudieron observar a una mariposa azul muy llamativa. El más pequeño le pidió a su hermana que la atrapase, lo cual logró hacer con sus manos y sin matar al animal.
De pronto y sin hacer ningún ruido, apareció una señora y se presentó como la dueña del lugar. Parecía ser amable, aunque generaba un aura de desconfianza.
Tras ello, la niña miró su mano y la mariposa atrapada se había convertido en un ave de igual color. Del susto, la soltó y el ave revoloteó por toda la casa. La señora le pidió a los chicos que la atrapasen y la liberasen afuera. A cambio, les daría unas galletitas de chocolate con anís.
Tras capturar al animal, la lúgubre mujer les tocó la cabeza a ambos, les dio las galletitas y luego empezó a tejer.
Luego de ello, los niños consiguieron salir, pero, al hacerlo, el ave que aún no había sido liberada comenzó a morder la mano de la niña. Ese bello espécimen se había transformado en una rata sin pelo y con un horrible aspecto.
Los jóvenes, sorprendidos y asustados, volvieron a la casa de la señora para contarle lo sucedido. Pero esta vez no se encontraba sola. Estaba su esposo, cuya mirada era malévola y grotesca. Su voz no podía ser oída, pero sí provocaba una sensación de incomodidad y muchos escalofríos.
Fue así como ambos chicos sintieron una extraña maldad en el aire, tomaron una de las agujas de tejer de la anciana y quisieron huir.
Al intentar atravesar la puerta, vieron todo oscuro, sintieron una molestia en el pecho (era como una mano) y escucharon solamente: "solo con medio pie afuera no podrán salir". Había alguien en la profunda oscuridad...
La historia, creada a partir de un sueño, culmina con un final abierto. Sin embargo, si te quedaste con las ganas de un cierre explícito, te sugerimos leer:
Por Intermirarte